Qué es el coaching ejecutivo y cómo puede ayudar a tu empresa

El término «coaching» es de los más escuchados en la actualidad y, aunque en esta oportunidad hablaremos puntualmente de coaching ejecutivo, vale la pena conocer la historia detrás de su significado.

Proveniente del verbo en inglés “to coach” (entrenar), se conoce por coaching al proceso interactivo de autoconocimiento y autoaprendizaje por medio del cual un “coach” (entrenador) ayuda a su “coachee” (persona que recibe coaching) a lograr cambios positivos, eligiendo las mejores opciones para lograr determinados objetivos, siempre haciendo uso de las propias habilidades y recursos disponibles.

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Existen diferentes ramas del coaching según ámbito de aplicación y tipo de objetivos fijados. Aún así, podemos decir que en todos los casos, resulta altamente beneficioso para aprender a gestionar las emociones, impulsar el bienestar personal y mejorar la calidad de vida.

En este artículo trataremos las distintas cuestiones que hacen al coaching ejecutivo, su ámbito de aplicación y los beneficios que puede traerle a tu empresa.

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¿Qué es el coaching ejecutivo?

Resulta interesante partir de la definición general de coaching propuesta por la Asociación Española de Coaching que dice: “El Coaching profesional es un proceso de entrenamiento personalizado y confidencial mediante un gran conjunto de herramientas que ayudan a cubrir el vacío existente entre donde una persona está ahora y donde se desea estar”.

A partir de aquí y dentro de los distintos tipos de coaching, encontramos el coaching ejecutivo que tiene por gran característica el hecho de que el coachee es un ejecutivo, entendido este como un trabajador con un cargo suficientemente alto, que le demande responsabilidad en la toma de decisiones y, sobre todo, que tiene un equipo bajo su mando para la consecución de los objetivos propios de su área.

En este ámbito, se buscará mejorar la escucha activa y las habilidades propias para mejorar la toma de decisiones y la forma en que se abordan las necesidades de los subalternos. También es frecuente encontrarnos con este tipo de coaching para manejar situaciones estresantes o de gran tensión o mejorar la propia seguridad frente a los desafíos laborales.

Retomando la importancia del objetivo central, que será generar un cambio en el comportamiento y perspectiva de la realidad, es normal que el coaching se base en el establecimiento de una estrecha relación de colaboración entre el coach y coachee.

El primero -lejos de ser un psicólogo, mentor o consultor que dice lo que debe hacer- tendrá el papel de facilitar y guiar el aprendizaje del segundo, a través de ejercicios, preguntas poderosas, indagaciones y evaluación de alternativas.

Diferencias entre el coaching personal y ejecutivo

Si bien parten de la misma base, existen importantes diferencias en materia de ámbito de aplicación, perspectiva y objetivos a conseguir.

El coaching personal es por definición aquel que se orienta a personas individuales que quieren mejorar en algún aspecto de su vida: sea interno, familiar o profesional. Como su nombre lo indica es personal y por tanto automotivado (será la propia persona la que contacte al coach para iniciar su proceso).

Los vínculos que aquí entren en juego, serán del área mas íntima y cercana, a saber: la pareja, amigos, familiares, referentes. Siguiendo esta línea, los problemas o situaciones que se buscan mejorar girarán en torno a competencias personales, resolución de conflictos con alguno de sus vínculos, reconocer y cambiar las propias creencias limitantes o valores, así como encontrar un propósito que se alinee con el trabajo. Esto se traducirá en una mejor calidad de vida o mayor bienestar personal.

Si bien puede que se toquen temas que relacionan a la persona con su trabajo y cómo se resignifica en este ámbito, vemos que no es necesariamente el centro del proceso.

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El coaching ejecutivo, por el otro lado, se centra en lograr objetivos meramente en el plano profesional, dotando de herramientas para mejorar el autoaprendizaje y saber gestionar diversas situaciones que pueda estar atravesando la persona en relación con la empresa.

En este tipo de coaching se ponen en valor los vínculos laborales y las sinergias profesionales por sobre otro tipo de lazos más íntimos (como sucede en el coaching personal). De allí que los objetivos puedan ir desde maximizar ingresos, mejorar la productividad, aprender a gestionar un equipo intercultural, controlar el stress o navegar en tiempos de incertidumbre.

Otra diferencia significativa, es el hecho de que será la empresa u organización la que busque y contrate los servicios de un coach para que ayude a un directivo o alto ejecutivo a mejorar profesionalmente. Aquí deberíamos separar las nociones de cliente y coachee, ya que en este caso la persona que contrata es diferente a la que recibirá el servicio.

Las personas receptoras de este tipo de coaching suelen tener cargos importantes dentro de la compañía (directivos, empresarios, managers de alto rango), en otras palabras, personas con poder de decisión que pueden influir en el destino de la compañía. Este suele ser motivo suficiente para que las empresas quieran invertir en este tipo de servicios para acompañar el desarrollo profesional en vistas de aumentar el rendimiento organizacional.

Beneficios del coaching ejecutivo

El coaching ejecutivo, como ya hemos visto, se reserva para altos cargos con poder de decisión y grandes responsabilidades. Veamos ahora algunos de los beneficios que suponen para la organización:

Mejora de la comunicación interna

La comunicación es el motor de todo grupo humano y organización. Mejorar la forma en que se informan los cambios o directrices, gestionar reuniones, fomentar las ideas, canalizar las quejas, propiciar las nuevas sinergias, son algunos de los beneficios en materia de comunicación interna.

Claridad en la toma de decisiones

Los objetivos de los empleados y los de la empresa deberían estar alineados para garantizar el éxito y supervivencia de la organización. Aún más cuando se trata de altos ejecutivos, donde las decisiones tienen mayor impacto. En este caso el coaching ayudará a que se tomen mejores decisiones frente a diferentes circunstancias que supongan tensión, gran responsabilidad o incluso momentos de cambio.

Potencia el liderazgo

Hay empresas que se encuentran con esta necesidad emergente. Sea porque los directivos carecen de liderazgo, porque la estructura organizacional no lo permite o porque los desafíos actuales se tornan incompatibles con el tipo de liderazgo presente, el coaching ejecutivo será de gran valor para potenciar el liderazgo interno.

De igual manera, puede ser de gran impacto en la forma en que se relacionan los líderes con sus equipos, sobre todo en materia de comunicación, delegación de tareas e identificación de fortalezas y áreas de mejoras.

Ayuda a utilizar los recursos existentes de forma eficiente

Otro de los beneficios que se desprende de los anteriores es el comprender la mejor manera de utilizar los recursos de la empresa para maximizar las ganancias. Trabajar de forma inteligente, potenciando los recursos existentes y utilizándolos de tal forma que se incrementen los beneficios.

Mejora el rendimiento del ejecutivo

Cuando las cosas están bien, incluso podrían estar mejor. Decimos esto porque, aunque la empresa y su personal cuente con los skills necesarios para el correcto funcionamiento, de seguro encontraremos áreas de mejora en la priorización de tareas, tiempos de ejecución, consecución de metas, etc. Aquí el coaching también pasa a ser una herramienta de gran utilidad.

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¿Cuándo es necesario el coaching ejecutivo?

El coaching directivo o ejecutivo busca gestionar cambios en la empresa a través de las personas clave, y también supone una inversión y apuesta de la organización hacia sus empleados. Si bien suele ser común en casos de bajo rendimiento, problemas o crisis emergentes, podremos ver áreas de mejora en prácticamente cualquier momento de la vida organizacional. Algunos de ellos:

  • Cuando no hay buena comunicación o el directivo no da lugar a ideas y colaboraciones de forma activa.
  • Ante la inseguridad al momento de tomar decisiones.
  • Si el ejecutivo demuestra falta de confianza en su equipo o incluso dificultad para delegar tareas.
  • Cuando se necesita trabajar en profundidad la autopercepción y la inteligencia emocional para mejorar las relaciones dentro de la organización.
  • Cuando se ve amenazado el buen fluir de la comunicación interna.
  • Para gestionar ansiedades, stress y bloqueos que impidan llegar a objetivos.
  • Cuando la empresa experimenta falta de compromiso de sus empleados o de fidelidad a su equipo y jefe.
  • Cuando se llegan a niveles tóxicos de competitividad frente a la colaboración para lograr las metas.
  • Cuando el ejecutivo no es capaz de sacar a la luz lo mejor de su equipo y potenciarlo.

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