Dejamos entrar un perrito🐶 en la oficina y esto fue lo que pasó

router mascotas oficina

Hace un par de semanas la mascota de un compañero que trabaja en el mismo edificio que Factorial decidió pasarse por la oficina y compartir un día de trabajo con nosotros. A priori, es algo poco común, y la verdad es que ningún empleado había traído a su mascota a trabajar. Pero en este caso, Router tenía acceso VIP (era el último día de su dueño y no quería perderse la despedida que habían preparado sus amigos y compañeros).

El principal motivo por el que no se había ofrecido esta posibilidad era por temor a que la visita de un amigo peludo fuera una molestia para otros co-workers y pudiera suponer una distracción que rompiera con la calma de la oficina. Esta era la principal preocupación , y digo era, porque ahora, viéndolo con perspectiva he logrado entender que la principal razón era el desconocimiento.

No pasaron ni 20 minutos cuando nos dimos cuenta de que algo realmente increíble estaba pasando entre nosotros. Los primeros minutos estuvimos jugando con Router cerca de la entrada de la oficina, para no entrar mucho en contacto con los compañeros que estaban trabajando y necesitaban máxima concentración. Era primera hora de la mañana, muchos trabajadores aún estaban llegando. La primera impresión que tuvimos fueron caras sonrientes y ganas de acariciar al que pronto se convertiría por un día en el empleado del mes.

No es broma, en menos de una hora entablamos conversación con más de 15 personas, algunas con las que jamás había hablado antes y me di cuenta de que había estado compartiendo más de 8 horas al día (más que con mi propia familia) con personas que no conocía, no sabía ni sus nombres.

La verdad es que Router tiene ya una edad, 12 años lo que serían unos 75 años para un humano y su energía es limitada. Ha aprendido que entre el desayuno y la hora de comer tiene tiempo de echar una cabezada por lo que le pusimos un poco de agua y se quedó dormido cerca de su dueño. Sería difícil calcular cuántas personas pasaron a conocerle y compartir 5 minutos con él.

Los pequeños breaks para desconectar que se resumían en leer email en el teléfono desde la cocina ahora eran verdaderas pausas en la que la gente interactuaba con otros compañeros, se entablaron conversaciones e incluso algunas ideas para colaborar con otras startups que estaban unas mesas más lejos.

La interacción (algo que en espacios compartidos suele costar tanto) que ni el ping pong ni los dulces habían logrado, lo consiguió router en medio día mientras se echaba una siesta. Increíble.

Lo que a priori parecía algo realmente complicado disipó nuestras dudas sobre si permitir que los empleados vengan con sus mascotas al trabajo. Ni mucho menos creo que sea algo que se pueda replicar en cualquier oficina. No todas tienen espacio suficiente como para que el animal se pueda sentir seguro, relajado y se adapten a su grado de actividad. Lo importante es que el animal se pueda adaptar a este entorno. Si este es el caso, y si las instalaciones lo permiten, no debería haber ningún problema. El 80% de argumentos en contra de admitir mascotas eran prejuicios, en mi opinión.

Si el animal se adapta, si los empleados se sienten cómodos y hay espacios habilitados para cada tipo de situación (reuniones, descansos, despachos para reuniones internas…), estoy segura de que todo irá bien.

De hecho, investigando sobre el tema descubrí varios estudios que confirmaban mi teoría y me enteré de que el día 23 de Junio es el día de los perritos en la oficina #BringYourDogtoWorkDay2018. La verdad es que es una experiencia que recomiendo valorar, quizás no cada día o quizás sí, pero probarlo no está de más.

Si conoces alguna oficina o empresa que permita a sus empleados traer mascotas, me encantaría conocerlo. Puedes escribirme en twitter? @FactorialEs.

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